¿Qué imaginas cuando te hablan del bordado?
Seguramente tu mente te llevará a pensar en las tías, abuelas, quizá tú madre bordando las carpetas para decorar la casa o quizás unos lindos pañuelos…
¿Y si te pregunto, qué es un costurero? Quizás pienses sin responder:
“un mundo de chismes, hilos y agujas” o “la caja de galletas (que se usa para todo menos para las galletas) donde se guardan los hilos y las agujas para remendar”, sin pensar que en realidad un costurero es “todo un mundo secreto: un mundo textil”.

Tanto el bordado como los costureros han hecho parte de la sociedad, nos acompañan desde la evolución y la revolución.

El inicio, la hilaza, la fibra que construye un tejido, el tejido que crea la costura y la costura que es embellecida desde la puntada, los lazos, los nudos y el relieve.

El bordado nace de la distinción, de la diferenciación, de la belleza, de la calidad de los materiales, de la destreza de las manos, de la disciplina del oficio, del compañerismo, de las conversas íntimas, de las risas, y las lágrimas que se dejan en cada puntada.

Y todo este dechado de valores y virtudes, fué construyendo toda una metáfora textil, acompañando luchas, saberes, vivencias, creatividad e incluso investigación, si, claro que la tiene ¿Acaso no necesitas pasar por un proceso creativo antes de tener toda una destreza dibujando con hilos?

El hilo y la aguja empezó a entrelazar sueños y crear encuentros, círculos de trabajo colectivo, donde se reunían bordadores, tejedores, hilanderas, costureros.

Cuando el ser humano empezó a vivir en comunidad, los talleres y círculos artesanales de tejidos, bordados y costuras eran un pilar fundamental. El oficio jugaba un papel importante en el desarrollo laboral y manual de la comunidad. Con el pasar del tiempo, las manos fueron remplazadas por grandes máquinas hilanderas, telares industriales y máquinas bordadoras, y la labor manual fue desplazada y hasta relegada. Los pasillos y las salas de las casas se convirtieron en costureros, momentos de ocio para algunos, pasatiempo para otros, forma de trabajo individual y maneras de expresar su talento.

Pareciera que el oficio del bordado poco a poco fue siendo disminuido en su valor y enmarcado cada vez más en un estereotipo de mujer hacendosa, virtuosa y obediente, olvidando históricamente que ésta labor no tiene género. ¿La creatividad, la imaginación, la expresión tienen género?…

Coser el rol con el oficio causó una gran revolución, los abusos laborales, la desvalorización y los estereotipos hicieron que la aguja y el hilo fueran las banderas para enredar y desenredar los movimientos femeninos, y sobre todo la construcción del ser.

El tiempo para el oficio del bordado y otras labores textiles se dividía entre hogares y la naciente ola industrial.
Las horas que quedaba de un día dedicado al cuidado de la familia y los que haceres del hogar se dedicaban con la misma pasión al textil domestico, en contraposición otros hilos y agujas entrelazaban las largas horas laborales sin pagos dignos y condiciones subvaloradas.

Las mujeres valientes y empoderadas de los movimientos del M7 y de donde nace la celebración y conmemoración del día de la mujer trazaron puntadas fuertes y visibles. Este enredo empezó a visibilizar el rol no solo desde el cuidado, el ser esposa, madre, hija, trabajadora… el ROL LO DESARROLLA CADA UNO DESDE SU PROPIO SER, puntadas que se siguen dando desde el valor social, laboral, familiar…
Este nuevo punto en el dechado de virtudes se tejió gracias a los espacios donde se trazan estas puntadas: los costureros, los encuentros, los momento donde se alían el hilo y una aguja.

Alrededor del café, en las tardes, en la sala o el pasillo en medio de hilos, telas, tijeras, amigas, vecinos, se elabora una manta inagotable de luchas por los derechos, charlas de maternidad responsable y amorosa, vivencias diarias, el cansancio del trabajo, el trabajo igualitario, la protección, los abusos, los triunfos, los sueños, las lágrimas y la sangre que la aguja dejaba, se construyó un mundo secreto y un mundo íntimo, un mundo que nos inspira a embellecer rotos, a deshilar heridas, a trazar puntadas, a construir tejidos y, sobretodo:
A REPARAR EL ALMA.

De este mundo íntimo y secreto, abrimos la tapa del costurero para rescatar la puntada que bordó nuestro ser, el encontrarnos alrededor de una labor, el compartir la historia propia sin ser pública, coserla desde la aguja, y tomar el hilo del otro para seguir tejiendo la historia.

Hoy existen tantos colectivos textiles como costureros de apoyo y reparación. La metáfora textil sigue tomando la puntada cuando las palabras no alcanzan.

En esta variedad textilera, de fibras naturales y sintéticas, de hilos de algodón y poliéster, aparece @proyecto co-SER-se, un espacio participativo, educativo y creativo; con base en la función cognitiva que tiene las artes y el poder de transformación del pensamiento creativo donde partimos de un lenguaje común, simple, doméstico y cercano, un lenguaje que está en nuestro ADN, la metáfora textil.

Organizamos encuentros dentro del marco del costurero y tejiendo el hilo proponemos un tema que nos cose en la misma línea a cada participante desde la individualidad para crear una historia colectiva, expresada y transformada en una pieza artística.

Cada miércoles en Bogotá, en la localidad de Usaquén, el taller de arte DRM extiende la manta sobre la mesa y espera las puntadas, palabras, nudos, que serán construidas por manos que buscan expresarse.

Los costureros del @proyecto co-SER-se bordan el cuerpo como poética, el cuerpo como movimiento, el cuerpo como emoción, el cuerpo como territorio, el cuerpo materia de reparación: el pespunte habla de la emoción, los ojetes cierran y embellecen rotos, la técnica como el sachiiko, kogi, embellece heridas y deja fluir la imaginación sobre PRENDAS QUE QUIEREN SER SIGNIFICAS Y RESIGNIFICADAS.
Una de las funciones de las artes es ayudarnos a aprender a observar el mundo que nos rodea, un paisaje, una fotografía, una escultura, un bordado nos brindan una manera diferente de ver, nos ofrece la posibilidad de despertarnos al mundo que nos rodea . Entre vainicas,
punto de cruz, punto de palestrina, punto de nudo, punto de cadeneta, bordado de parma, bordado de lagartera, hardanger, relieve frunce (Smock), punto francés, calado, frivolite, nos involucramos con las puntadas, nos cosemos con ellas y hacemos parte de la obra, hilamos nuestra historia y la transmutamos en historias bordadas..

Entendiendo que la labor textil hace parte de nuestra historia y hablamos de una participación inclusiva, sin importar cómo la historia enmarcó los oficios, especialmente el bordado, @proyecto co-SER-se inicia en territorio, específicamente en la vereda de Barcelona Alta, en el municipio de Circasia, departamento del Quindío. El objetivo es integrar el arte en el campo, embellecerlo, realzar su naturaleza, vamos a bordar la ciudad y el campo, el ladrillo y la tierra y crear un tapiz histórico desde la educación artística, con sus procesos de experimentación y exploración: el proceso creativo, el conocimiento en el oficio del bordado, las técnicas históricas y las herramientas ancestrales junto a la experimentación plástica contribuyendo a la sustentabilidad del territorio – trabajando con desechos textiles – paralelo a la labor artista y manual construimos el ser, tejemos la raíz, bordamos los frutos, unimos los saberes y los que haceres, incluimos el cuerpo urbano y en territorio a partir del arte.

La gran pregunta siempre fué como incluir el arte como actor transformador desde la cotidianidad, simple, cercana y doméstica y la respuesta siempre estuvo cercana, solo había que abrir la tapa delcosturero – que en toda casa hay – y descubrir un mundo secreto, un mundo íntimo, un mundo textil: LA METÁFORA TEXTIL.

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