Todos deberíamos estar interesados en los impactos de la industria de la moda, en los derechos humanos y el medio ambiente porque todos usamos ropa a diario. En los últimos veinte años las redes sociales y empresas de moda han hecho que cada día compremos más vestuario.
Estudios hechos desde el siglo XXI muestran que las personas han empezado a utilizar su ropa por menos tiempo, mientras los niveles de producción han incrementado drásticamente. El Ellen MacArthur Foundation, una organización europea conocida por sus reportes de economía circular, hizo un estudio sobre la producción de ropa y nuevos hábitos de consumo. Según su estudio titulado A New Textiles Economy: Redesigning Fashion ‘s Future, entre 2000 y 2015, la producción mundial de ropa se ha duplicado mientras que la cantidad de usuarios que usa una prenda antes de botarla ha bajado el 36%. El paradigma del alto consumo de ropa nueva a precios bajos, impulsa a las marcas a exigir la producción de prendas en grandes volúmenes y a precios muy bajos. Como resultado, trabajadores de confección y comunidades en la cadena de valor de la moda son víctimas de las prácticas de la industria, como por ejemplo condiciones de trabajo inseguras, robo de salario y contaminación por desechos textiles.

Es muy común que las empresas de moda no le paguen suficiente a las fábricas para cubrir sus costos de producción y para sostener condiciones de trabajo seguras. Un estudio hecho por el Human Rights Watch examinó las condiciones de trabajo en fabricas de moda. El estudio muestra que solo el 52% de las fábricas de confección de las 1,450 en la encuesta, reciben suficiente en pagos para pagar sus costos de producción. Mientras solo el 38% en la encuesta respondieron que les pagan suficiente para tener condiciones de trabajo seguras.
La explotación de trabajadores de confección ha sido una parte importante en la historia de la industria textil a nivel mundial. En 2009, el Edificio Rana Plaza colapsó.

Un complejo de nueve plantas de fábricas textiles, causó la muerte de 1,000 trabajadores e hirió a 2,500 de ellos. Las fábricas suministraban ropa para marcas importantes como Primark y Benetton. Algunas marcas habían realizado auditorías sociales con empresas externas para verificar que las condiciones de trabajo fueran seguras antes del derrumbe, pero no habían observado los peligros de seguridad del edificio. Las marcas o fábricas pagan a terceros para realizar estas auditorías, lo que presenta un conflicto de interés que desafía su propósito. El día anterior al incidente algunos trabajadores notaron problemas con la estructura del edificio pero con las condiciones humanas de trabajo no podían tomar el riesgo de quejarse. Muchas marcas han firmado el acuerdo sobre Seguridad contra Incendios y Estructuras en respuesta al terrible colapso de Rana Plaza. El acuerdo protege a los trabajadores de condiciones estructurales peligrosas, pero no aborda los salarios ni el derecho a sindicalizarse, que es un componente clave de la seguridad laboral.

Es crucial señalar que las recientes circunstancias de explotación de trabajadores de confección, también son prevalentes en los Estados Unidos. La División de Salarios y Horas del Departamento de Trabajo del Sur de California encontró que en 2022, más del 80% de las fábricas de confección en Los Ángeles que producen ropa para grandes marcas violaron las leyes de salario mínimo y no les pagaron a los trabajadores por su trabajo de horas extras. La investigación señaló una fábrica de confección que pagaba $1.58 por hora mientras que el salario mínimo en California era de $15.

Si tienes el tiempo, investiga si las marcas que compras abordan el cómo están apoyando a sus fábricas en proporcionar condiciones de trabajo seguras y justas.

Los impactos de los residuos de textiles se extienden más allá de la reciclabilidad de la ropa en cada país. Los desechos de prendas de vestir, principalmente de los Estados Unidos, la Unión Europea y China, se envían a otros países para procesar sus desechos, con los mayores flujos de ropa enviados al Desierto de Atacama en Chile y a Accra, Ghana. Estas áreas no tienen la infraestructura para procesar, reutilizar y reciclar los desechos de ropa que ingresan de manera segura.

Al enfocarnos en la situación en Accra, según Business of Fashion, se importan 15 millones de piezas de ropa a Kantamanto, el mercado de ropa de segunda mano más grande del mundo. La Fundación Or, un destacado grupo de defensa de residuos de Ghana, señala que el 40% de la ropa enviada al mercado de Kantamanto no se puede usar. Además, la Fundación Or informa terribles impactos ambientales y a la salud de la comunidad de Accra por los desechos de ropa. Toneladas de ropa cubren las costas de Ghana, poniendo la salud de la comunidad a riesgo con aumentos de malaria y contaminación de agua. Según un artículo titulado Burn After Wearing publicado por Grist y El País, la ropa desechada en el Atacama pesa lo mismo que una o dos veces el peso del Puente de Brooklyn. Los montones de ropa son tan enormes que pueden ser vistos por satélites en el espacio, y afectan negativamente a comunidades a su alrededor.

Con los impactos del cambio climático, la industria de la moda, como todas las industrias, debe ser reinventada. Dentro de las industrias manufactureras, la industria de la moda tiene las terceras mayores emisiones. Mientras reinventamos estas industrias, debemos recordar que a nivel mundial, las personas y los países más vulnerables serán los más afectados por los efectos del cambio climático, como los trabajadores de confección. Por esta razón, los trabajadores de confección deberían estar a la vanguardia de las estrategias de sostenibilidad de las marcas. También debemos ser más conscientes de la cantidad de ropa nueva que compramos para ejercer presión sobre las empresas que no protegen a sus trabajadores o al planeta para cambiar sus prácticas. Para los que tienen suficiente tiempo y recursos, es esencial invertir en marcas que invierten en condiciones de trabajo en sus cadenas de suministro y en materiales más duraderos. Las marcas pequeñas pueden beneficiarse significativamente de nuestro apoyo en construir un mejor futuro. Construir una marca de moda sostenible cuesta más. Marcas como Velasco de Gayo están reinventando la industria de la moda al empoderar a las mujeres a través del arte y su inversión en comunidades.

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