El 24 de Abril de este año se cumplieron 11 años del desastre de Rana Plaza en Bangladesh, y como todos los años desde entonces, el movimiento Fashion Revolution vuelca la mirada hacia la industria de la moda cuestionando si conocemos quiénes están detrás de la fabricación de las prendas que vestimos en nuestra cotidianidad, e incluso si sabemos los procesos para llegar a una prenda terminada, incluyendo a las personas involucradas y sus condiciones de trabajo.

En los últimos años han surgido varias organizaciones que han puesto la lupa sobre las condiciones bajo las que trabajan aún muchos de los actores en la industria textil, e incluso han desarrollado indicadores que miden de manera tangible el impacto de las diferentes marcas y retailers en la industria de la moda. Casualmente, ninguno de estos indicadores está relacionado con las tendencias.

Entonces, ¿por qué al hablar de la velocidad de las colecciones, cambio de temporada e incluso drops diarios de nuevas prendas, hablamos de tendencias?

Una tendencia es, en pocas y sencillas palabras, la traducción de los movimientos culturales, sociales, económicos y políticos del momento en una estética que puede afectar desde la arquitectura, el mindset del consumidor y la belleza, hasta llegar a la moda.

Es decir las tendencias, leen los comportamientos y con base en estos pronostican y proyectan como se expresará la estética de los próximos años. Pero popularmente, se habla de tendencias para hablar de prendas, estilos y propuestas estéticas que están de moda, de ahí la expresión “está en tendencia”.

La realidad es que una tendencia es algo macro y no cambia cada temporada, de hecho las tendencias duran años e incluso décadas gestándose. El monólogo de Meryl Streep encarnando a Miranda Priestly en el Diablo viste a la moda explica cómo incluso la presencia de un color en varias prendas y la repetición del mismo, toma varias temporadas.

Como ejemplo más reciente tenemos el rosa Barbie, que tuvo su pico máximo el año pasado con el estreno de la película, pero realmente este tono comenzó a ser rastreado desde 2020. Pues con las cuarentenas el interés por tonos vibrantes, entre esos los rosa vibrantes y tonos fucsia, comenzó a aumentar como una búsqueda de autoexpresión y celebración desde el vestuario, es decir que tomó cerca de tres años desde el primer momento en que comenzamos a ver este tono, hasta su auge. Incluso ahora, teniendo redes sociales de mucha mayor velocidad de adopción como Tiktok es muy difícil que las tendencias sean adoptadas a nivel masivo en cortos periodos de tiempo.

Tres años no pareciera ser tan corto como los ciclos de fast fashion y ultra fast fashion, en los que se introducen nuevos productos a tienda de manera semanal y diaria, respectivamente. El problema radica en que al introducir esa cantidad de prendas, muchas de estas terminan siendo rematadas en descuentos o incluso no siendo vendidas. Y es aquí que debemos hacernos varias preguntas; ¿a dónde van a parar todas estas prendas que no se venden? ¿cuánto gana una persona por la realización de esa prenda si yo puedo comprarla en descuento a menos de 20,000 pesos y la marca muy seguramente no está sacrificando su margen de ganancia? ¿en qué condiciones trabaja esta persona? ¿bajo que condiciones y normativas es realizada la prenda? ¿es realmente necesaria esta velocidad de entrega de colecciones?

Es en esos lugares donde está gran parte del impacto negativo de la industria de la moda. Algo que está más bien relacionado con el consumismo y la sobreproducción, por encima de las tendencias y la evolución de las mismas. Entonces, ¿por qué se dice que son las tendencias las responsables por el impacto negativo de la industria de la moda? Porque popularmente se tiene la concepción errada de que son las tendencias las que hacen que la estética cambie cada temporada y las que dictan las entregas semanales y diarias de diferentes retailers.

Realmente, las tendencias no son responsables del impacto negativo, después de todo la producción no está a cargo de estas, por lo que sería equivocado afirmar que “las tendencias son las responsables por el impacto negativo la moda”. De hecho, en términos de tendencias llevamos hablando de sostenibilidad, artesanía y valorizar el trabajo ancestral, desde hace más de una década, algo afín a lo que vemos surgir como propuesta de valor en muchas marcas recientes como lo es Velasco de Gayo.

Muchas gracias por leer mi reflexión y gracias a Paula y Velasco de Gayo por la invitación.

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